Mis otras reflexiones a pie de calle

Mis otras reflexiones a pie de calle

Todo en esta vida es discutible, pero hagámoslo serenamente.

Recuerdo la estrofa de la canción aquella de Mecano que decía: “una rosa es una rosa, es una rosa”. Pues bien, un papel es solo un papel. O un título es solo un título. O un diploma es solo un diploma. Mera tautología.

¿A qué me refiero? La respuesta es simple: un título o un diploma pueden no ser más que un mero papel sin valor en según qué tipo de trabajos o actividades, sobre todo aquellos en los que la creatividad es un componente esencial para su desarrollo.

Cuando allá por 1871 se crearon las Escuelas de Artes y Oficios Artísticos se hizo como medio de proteger y transmitir el conocimiento de la producción de carácter artesanal ante el imparable crecimiento de la producción industrial, como una manera de proteger el acervo cultural que implícitamente suponía el trabajo artesano.

Sin embargo, estas escuelas, las hoy denominadas Escuelas de Arte, no son en ningún modo la única vía o el único camino para el ejercicio de la profesión creadora como tampoco el resto de la oferta oficial enmarcada en nuestras errantes leyes educativas.

Centrándonos en el sector que nos interesa, la moda, hoy instrumentalizada en diversos estudios de formación profesional, artístico o universitario, siempre fue una de esas “profesiones” cuyo aprendizaje era no formal o informal y sin embargo, ¿cuántas figuras a lo largo de la historia de la moda han destacado sin haber realizado estudios previos de carácter reglado? Muchas, no diré ni citaré nombres porque en el imaginario colectivo están escritas todas ellas.

Por tanto, ¿podríamos concluir que los estudios oficiales en diseño o confección no son necesarios?. Por supuesto que no, pero han de tener un currículo que responda verdaderamente, con eficacia y con agilidad a las demandas sociales y de la industria y eso no se da, lamentablemente, en este tipo de enseñanzas hoy en día. Así pues siempre quedará abierto el campo profesional a personas cuya vocación, inquietud y curiosidad sean satisfechas por la iniciativa privada que durante tanto tiempo ha sido la respuesta a esas interrogaciones.

Si reconocemos la importancia de un sistema de aprendizaje basado en el “learning by doing”, éste ha de estar en continua revisión para ofrecer respuestas individuales, para observar al alumno como eje principal del conocimiento y así conseguir el mejor resultado posible. Esto por supuesto es imposible si hay masificación en las aulas.

Ahora bien, ¿queremos crear estrellas?. No, preferimos crear trabajadores cualificados con capacidad de dar respuesta mediante sus herramientas aprehendidas (no, la hache, no ha sido introducida por error), e interiorizadas hasta convertirse en propia seguridad. Para ello trabajamos y luego será el futuro quien determine hasta dónde llega cada alumno, hasta dónde se realizan sus sueños o llega su recorrido profesional,  que a buen seguro dependerán de sus habilidades, de la constancia en su trabajo y de la fortuna. 

Cuando llegado el momento, el empresario imponga una prueba objetiva de las capacidades que supuestamente nos otorga nuestra titulación exhibida, de una cosa hemos de estar seguros: si el resultado de dicha prueba no se materializa en algo tangible como un producto o una prenda, todo será en vano, de nada valdrá ningún papel.

Nosotros, como siempre, seguiremos ahí,  escribiendo la intrahistoria del sector textil confección lejos del ruido mediático y de las pasarelas adornadas solo con glamour o de los “Maestros de la Costura”.

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