El pensamiento divergente: los seis sombreros para pensar

El pensamiento divergente: los seis sombreros para pensar

Lo primero enseñar, pero ¿cómo?

El pensamiento divergente o “pensamiento lateral” es el proceso o método de pensamiento utilizado por el cerebro para generar elementos creativos sobre la base de la exploración de todas las posibles soluciones a un problema dado. Este proceso ocurre de manera natural en las personas y destaca porque surge desde los estímulos y no desde la realidad de los hechos pudiendo de ese modo obtener diferentes caminos o vías para la solución de un único escenario.

Ambruster en 1989 ya afirmaba que la percepción del sujeto sobre sus procesos creativos es posible que deba considerarse la base teórica sobre la que elaborar métodos de formación en creatividad. Partiendo entonces de esta base, suelen establecerse los siguientes criterios educativos de la creatividad:

  • Supresión de los procesos inhibitorios
  • Creación de un clima de libre producción
  • Fomento de las motivaciones para la creatividad: necesidad o deseo de crear, curiosidad, implicación en el trabajo, necesidad interna de reconocimiento y auto afirmación.
  • Uso de técnicas educativas que no marginen el pensamiento divergente, sino que lo exijan y mantengan.
  • Uso de las técnicas de creatividad grupales que resultan generalmente provocadoras y estimulantes de los procesos creativos para los sujetos menos motivados.

Y luego actuar, pero ¿de qué manera?

Cada cual, de manera autónoma, puede desarrollar su propia capacidad creativa para ir más allá siguiendo las sugerencias que a continuación citamos:

  • Redefinir los problemas, no limitarnos a aceptar lo que se nos dice de cómo hemos de pensar o actuar.
  • Buscar lo que otros no ven, reuniendo las cosas de manera diferente a los otros pensando de qué modo las experiencias pasadas, incluso las que pudieran parecernos irrelevantes, pueden mejorar nuestros intereses creativos.
  • No sentirnos como si lo supiéramos todo acerca de un ámbito en el que trabajamos antes de que verdaderamente seamos capaces de realizar una valiosa contribución creativa.
  • Perseverar en los obstáculos, asumir riesgos sensibles y querer crecer.
  • Encontrar entornos creativos que nos recompensen por lo que nos gusta hacer.
  • Tomar una decisión acerca del modo de vida que fomenta la creatividad.

En relación con el desarrollo del pensamiento divergente Edward De Bono en su obra “seis sombreros para pensar” nos propone una técnica creativa en la que el resultado obtenido en cada sombrero o forma de pensar se complementa con los otros permitiendo un acceso más general y amplio al problema y su solución.

Las seis formas o “sombreros” de pensar son las siguientes:

  • Sombrero blanco: Se basa en hechos absolutamente puros, en los números y en la información. Ni interpreta ni da opiniones. Es neutral y objetivo.
  • Sombrero rojo: Legitima las emociones y sentimientos como parte del pensamiento. No se intenta justificar lógicamente nada.
  • Sombrero negro: Juicio negativo o destructivo. Señala lo que está mal, lo incorrecto o lo erróneo. Critica, señala riesgos, peligros e imperfecciones.
  • Sombrero amarillo: Juicio positivo y constructivo. Indaga en busca de lo valioso y lo beneficioso procurando encontrar cierto respaldo lógico. Optimismo bien fundado, hace sugerencias, permite visiones y sueños.
  • Sombrero verde: Pensamiento creativo que propone nuevas ideas, busca nuevas alternativas y es provocador.
  • Sombrero azul: Controla y organiza el pensamiento llamando a los demás “sombreros” cuando se necesitan. Define los temas del pensamiento, los problemas y las preguntas.

En conclusión

Sin embargo, no todo es libertad creativa en el mundo en el que vivimos en donde la búsqueda del éxito, fundamentalmente económico o comercial, limita el alcance de la misma. Podríamos decir, por tanto, que la actividad creadora es eficaz cuando crea novedades o comportamientos libres y cuando restringe la libertad de sus ocurrencias.
Un creador simplemente ocurrente y sin restricciones estaría sometido a una generación continuada y probablemente indefinida de ocurrencias, viables y no viables. En definitiva, no sabría podar el árbol de la búsqueda.

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